De Road Movies y Viajes

11 09 2007

El cine nos ha dicho, desde sus primeros tiempos, que el viaje es importante en el desarrollo de cada persona.

En 1939, John Ford nos mostraba a un grupo de personas tratando de salvar sus vidas en medio del desierto, cuando eran perseguidos por indios y ellos escapaban en una Diligencia. Entre los ocupantes nos encontrábamos con un banquero con mucho que ocultar, un doctor con problemas con la bebida, una mujer embarazada, y el famoso Ringo Kid, quien llegaba a salvar el día.

Dennis Hopper y Peter Fonda, nos trajeron un clásico (clásico por lo que significó en la época, mas que por la gran historia o personaje o lo que fuera) el año 1969. Se llamó Easy Rider. Con guión firmado por ambos y la dirección de Hopper, nos contaron la historia de un par de motociclistas que viajan por Estados Unidos, libres para hacer lo que quieran, sin meterse con nadie, recogiendo a un autostopista (un jovencísimo Jack Nicholson), metiéndose con chicas cada vez que podían, drogándose en pantalla (y también fuera de ella) con todo lo que podían. Todo esto para terminar asesinados por dos palurdos en medio de la carretera, sólo por el hecho de que no les gusta todo lo que ellos representan. Durante su travesía, ambos seres conectaban, se conocían entre ellos y a otros. Había un aprendizaje y se encaminaba a una madurez, la cual, no estoy seguro, si la lograban.

El año 1986 dio a luz una película honesta, filosa y madura, esto a pesar de estar protagonizada por menores de edad, pero todos otorgando grandes actuaciones. “Stand By Me” (Cuenta Conmigo), de Rob Reiner basado en un gran cuento de Stephen King. Es la historia de 4 amigos. Es verano y están gozando de sus vidas de niños, sin preocupaciones, excepto los malos tratos y ratos que los padres los hacen pasar. Todo cambia cuando, sin querer, les llega la ubicación exacta del cadáver de un chico desaparecido hace días. Con ganas de llegar a él y hacerse famosos, los 4 compañeros se lanzan al camino sólo para ser golpeados por lo amargo de la vida. Secretos familiares son revelados, la angustia de la adolescencia aparece y el ver por vez primera la muerte a los ojos, son algunas de las cosas que llevará a estos chicos a tener una aventura que los marcará por siempre.

El estruendo ensordecedor de los gritos, motores y disparos marcó el inicio de los noventa. David Lynch y su Wild At Heart llegó con platillos y violencia, ganando la palma de oro en Cannes y mostrando que el amor en terreno salvaje, demencial y caótico es posible.
Sailor y Lula se van lejos de la madre de ésta. Se van a recorrer América. Se van a amarse, a conocerse y a conocer una fauna variopinta, como solo Lynch es capaz de crear.
En el camino de los dos amantes habrá muerte, sexo, disparos, terror, traiciones. Pero por sobretodo, y como bien amerita el género, habrá aprendizaje y autoconocimiento.

El año pasado nos llegó una película en plan menos bestia que la obra de Lynch. Se llamó “Little Miss Sunshine“, dirigida por Jonathan Dayton y Valerie Faris.
Una familia disfuncional (¿hay familia que no lo sea?) viajan juntos para llevar a la hija menor a un concurso de belleza.
Si bien es cierto, es una película tramposa en muchos sentidos, nos entrega un par de escenas que no tienen nada que envidiarle a películas filmadas con mucha mas plata o actores mas famosos. (Bueno, sin ir mas lejos, tiene mejores escenas que cualquier película chilena ☺) Notable es el momento en que el abuelo, Alan Arkin, habla con su nieta. Sin duda un momento que será recordado.
De mas está decir que la familia que llega a destino no es la misma familia que salió un par de días antes. Todos han pasado por momentos difíciles, todos han visto sueños destruidos, todos son ahora, si no mejores, sí diferentes a quienes eran antes.

No sé donde voy con esto.
Quizás me llama la atención los viajes que se realizan en las películas versus los viajes que se hacen en la vida real.
Sin ir mas lejos, yo mismo estoy de viaje y no sé porque lo estoy.
Aunque ahora creo saberlo.
La clave me la dio un amigo con el que hablé y que me dijo algo en lo que no había reparado. Me dijo que él también viajaría, que necesitaba un rato para él, me dijo que “se escaparía”.
Esa es la clave.
Siempre un viaje es un escape.
Escape de lo que sea. De una ciudad, del trabajo, de una persona, de si mismo. Se viaja y se deja atrás, se oculta, se deja de ver. Se hace un restart. No importa que el viaje haya partido por algo distinto, siempre va acompañado de este elemento.
Claro que es una lástima que los viajes reales no sean como los viajes de las películas, donde las cosas se solucionan, los personajes llegan sabiendo mas cosas que cuando se fueron y la luz pareciera brillar mas.
No.
Eso no pasa en la vida real
Quizás por eso amo tanto al cine.


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