I Don`t Want To Sleep Alone

21 08 2007

Un hombre vaga por las calles de Kuala Lumpur, no habla el idioma y parece no entender nada de lo que pasa a su alrededor. Un grupo de inmigrantes de bangladesh acarrean a duras penas un colchón que rescataron de entre la basura. Una joven mesera lidia con su desagradable jefa y con el cuidado de un hombre postrado en cama. Estos tres seres se conocerán y se acompañarán. Ninguno podrá comunicarse con el otro, ya que la barrera del idioma es insalvable, pero todos sabrán lo que el otro quiere, cada uno entenderá la necesidad que los hace avanzar.
El cine de Tsai Ming-liang es un cine contemplativo, donde los diálogos casi son inexistentes. En sus películas importa lo que se hace y como se hace, importa la corporalidad, el tocarse, mirarse. Aun cuando nadie habla todos se entienden y se conocen.
Largos planos fijos (algunos de 3 ó 4 minutos) nos muestran la vida de estos seres desarraigados, desconectados de la sociedad, quienes viven en medio de una ciudad inmensa, calurosa, donde la variedad de razas y lenguas parece ser la regla.
Hsiao-kang (Lee Kang-sheng, actor fetiche de Ming-liang) llega de Taiwán a Kuala Lumpur. Una noche es golpeado por unos tipos que quieren robarle. El bengalí lo encuentra botado en la calle y lo lleva a su casa donde lo cuidará hasta que las fuerzas vuelvan a él. Días después, y ya mas repuesto, Hsiao-kang conocerá a la mesera y una atracción nacerá en ellos.
Tsai Ming-liang nos muestra la vida de estos personajes de manera limpia, casi clínica, dejándonos a nosotros la tarea de sacar conclusiones o hacer juicios de valor. Seres escindidos que vagan por el mundo, que viven el día a día, que tienen trabajos desencantados al igual que sus vidas. Hombres y mujeres que se mueven por una ciudad nocturna (brillante fotografía Pen-jung Liao), pobre y a la vez hermosa. Casas antiguas y edificios a medio demoler parecen recalcar aun mas el alma de los personajes, quienes, quizás sin darse cuenta, buscan la compañía de los otros, el amor, la aceptación. Existe en ellos una necesidad de tocar, de mirar y de ser vistos, de cuidar al otro y de ser cuidados y atendidos. Abrirse en sus vidas ya abiertas por la vida y recibir al otro, para así ya no estar solos. Para así ya no dormir solos.
Una película potente. Llena de sentimientos y sensaciones que quedarán dentro de nosotros hasta mucho después de haber salido de la sala y que nos acompañarán de la misma forma en que lo hacen en sus personajes.


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